miércoles, 25 de noviembre de 2009

EL BARCO


Creía que la libertad estaba en su barco, pero tras 4 días allí dentro, y con mala compañía, ya lo dudaba.

Había mandado una carta al fiscal donde reconoció haber liquidado a aquel tipo al llegar al puerto.

Siempre se acercaba a cambiar un poco de pescado por fruta y verdura con un hombre del pueblo, y a recoger el correo en la cantina.

El perito examinó la letra de la carta y comprobó que era auténtica, correspondía a quien la firmaba.

Sólo quedaba avisar a la patrullera para su captura.

La carta cayó al suelo y en el reverso apareció la misma mancha que sobre la frente del difunto. Su último beso.

El fiscal paró la captura. Ya no hacía falta. Él se había condenado.

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